sábado, 4 de abril de 2026

fogon... Sermón de las Siete Palabras La iglesia denuncia altos gastos en publicidad gubernamental y acuerdos extraoficiales

 


El sacerdote Francisco Benito Alvarado, quien funge como administrador parroquial de Nuestra Señora de la Fe, fue el responsable de reflexionar en torno a la primera palabra de Jesucristo en el Sermón de las Siete Palabras

  • Alvarado abordó la incapacidad y complicidad de quienes conforman los organismos de control de armas, alcohol y drogas.
  • También oró por un país que ha promovido indirectamente y directamente la corrupción en su historia, partido tras partido, gobierno tras gobierno...
Sacerdote Francisco Benito Alvarado

Sacerdote Francisco Benito AlvaradoVíctor Ramírez/ Listín Diario

 
tomada de listindiario

Con una dura denuncia sobre los gastos en publicidad gubernamental y acuerdos extraoficiales, el reverendo padre Francisco Benito Alvarado Herrera abordó la injusticia social que sufren en el país los migrantes, las personas sin seguridad social y los enfermos mentales.

Quien funge como administrador parroquial de Nuestra Señora de la Fe, en el Distrito Nacional, fue el responsable de reflexionar en torno a la primera palabra de Jesucristo en la tradicional proclamación del Sermón de las Siete Palabras, en la Catedral Primada de América en Santo Domingo.

La primera palabra, extraída del versículo 34 del capítulo 23 del evangelio según san Lucas, cita: “Entonces Jesús dijo: –Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. De esa misma forma, el sacerdote pidió perdón por “aquellos que salvan más su publicidad gubernamental que asumir la causa de los más necesitados de manera real”.

“Aguardas por aquellos que se reparten el botín entre colegas en las sombras de los acuerdos extraoficiales; los que salvan el puesto, pero no el servicio; los que salvan el partido, pero no la patria; los que salvan la institución, pero no al hombre herido en su dignidad; Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”, expresó el sacerdote.

Tradicional proclamación del Sermón de las Siete Palabras, en la Catedral Primada de América en Santo Domingo.

Tradicional proclamación del Sermón de las Siete Palabras, en la Catedral Primada de América en Santo Domingo.Victor Ramírez/ Listín Diario

Asimismo, pidió perdón por la propia Iglesia “si ocasionalmente ignora los más pequeños y excluidos de la sociedad resultando ser mejor amigo del funcionario y el escritorio que del enfermo, el anciano, el inmigrante, el encarcelado y el pecador penitente en las puertas”.

En un discurso de casi 14 minutos, el también vicario episcopal de Adolescencia y Juventud abordó el valor de la vida humana, atentado en el país por los feminicidios y la violencia.

“Como consecuencia de eso duele reconocer que el hombre como ser masculino no termina de entender que no es dueño de la vida y la libertad de las mujeres; penosamente sigue manchando sus manos con sangre y dejando dolor histórico en niños con una orfandad impuesta, hogares destruidos y familias marcadas por el odio y el deseo de venganza”, manifestó el prelado en su discurso.

Además, señaló que esta realidad se ve acompañada del acceso a las armas, las drogas y el alcohol.

Alvarado Herrera criticó que siga siendo un proceso fácil y lucrativo “gracias a la incapacidad y complicidad de quienes conforman los organismos de control”, que se extiende a, incluso, menores en edad escolar.

“Ya no hay distancia ni campo lejano donde nos libremos de encontrar hombres y mujeres sumergidos en estos vicios ni edad alguna ni capacidad económica para encontrarnos con jóvenes en edad escolar armados; armas que se mueven de mano en mano de arriba hacia abajo desde el que tiene la responsabilidad de controlarla hasta el que no tiene capacidad mental para usarla, amenazando y arrancándoles la vida a cualquier ciudadano inocente”, añadió el sacerdote.

Nuevas tecnologías

El presbítero también mostró preocupación por las juventudes, grupo al que ha dedicado años de su ministerio, ante la influencia que ejercen en ellas las plantaformas digitales.

Alvarado Herrera considera que muchos jóvenes están siendo arrastrados por las redes sociales, las plataformas digitales y los influencers, “falsos profetas que con sus palabras y actitudes dan signos del vacío que llevan en el corazón”.

Para el sacerdote resulta inquietante que estos referentes les edifiquen con “una falsa idea de la felicidad, un relativismo de la verdad, una concepción errónea de la libertad y un culto al cuerpo que mata en su totalidad el ser interior que llevan dentro”. Por ellos también pidió perdón.

De igual manera, ocupa su atención, el cuidado de los niños frente a las nuevas tecnologías.

“La inocencia que se pone en riesgo a cada segundo en las pantallas que sustituyen la atención de padres y madres distraídos en sus intereses particulares”, dijo, “así, el agente de formación de referencia del niño y la niña en etapa de aprendizaje está detrás de la pantalla y no en el seno de una familia que vela día a día por la vida integral de las personas”.

Como resultado, según el reverendo padre, los menores terminan siendo víctimas visibles y consumidores de podredumbres que se vuelven contenido y contenido que se vuelven moneda.

Asimismo, catalogó esos contenidos carentes de valor y edificación del hombre “que asume los retos y desafíos de la sociedad de hoy en el país que queremos y la iglesia que necesitamos, sino que llena las cuentas y el egocentrismo del sutil malvado que no le importa dañar para lograr sus objetivos”.

Corrupción perpetua

El padre Francisco Benito Alvarado finalizó pidiendo a Dios que no permita que la ignorancia cierta y la maldad planificada siga alejando a los hombres de la salvación que Jesucristo ha querido otorgarnos en la cruz.

“Que el Padre Dios acoja la plegaria que elevas por esta humanidad, que sangra por las guerras y se distancia de la paz por un medioambiente que exige respeto y cuidado, por un país que ha promovido indirectamente y directamente la corrupción en su historia, partido tras partido, gobierno tras gobierno, sostenido en una democracia quebrada en su esencia”, pidió en su oración.

SEPA MÁS

Migración haitiana

Los inmigrantes fueron tocados tres veces durante la prédica de Alvarado Herrera. Haciendo aparente referencia a la masiva migración haitiana, producto de la crisis sociopolítica en que está sumido ese país, el cura demandó que la ley no puede estar por encima de la dignidad humana.

A continuación, el discurso íntegro:

"La condena a muerte de Jesús se ha concretado después del esfuerzo incansable de aquellos que le acusan y planifican su derrota. La ignorancia cierta del pueblo y la astucia del malvado coinciden para que el inocente muera. ¿Quién puede salvar al inocente de las manos de los malvados?

Jesús abrazó en su totalidad el papel del vulnerable. Pero en medio de todo el éxito de los que conspiran en su contra, el inocente Jesús va salvando. Va haciendo nuevas todas las cosas. Va cumpliendo con la voluntad de su Padre.

Esa es la razón por la que en medio del dolor, Jesús tiene las fuerzas para interceder por sus propios victimarios aclamando: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen". Un grito que nace de un corazón divino que no se complace en la muerte del pecador, sino en la salvación que Él con su propia sangre garantiza.

La iglesia se abre a la misericordia y clama por el perdón por las veces que ignora la verdad y voluntad de Jesús, entretenida en proyectos personales que no siempre se alinean con el Evangelio y sus exigencias.

Perdónala si ocasionalmente ignora los más pequeños y excluidos de la sociedad resultando ser mejor amigo del funcionario y del escritorio que del enfermo, el anciano, el inmigrante, el encarcelado y el pecador penitente en las puertas.

Perdona a tu Iglesia, Señor, que olvida la horizontalidad del Evangelio que nos invita a ser hermanos de todos, acordándonos que las diferencias nos complementan y nos hacen más fuertes. Perdónala, Señor, cada vez que tu Iglesia no está presente en el camino que el hombre concreto de la sociedad de hoy necesita.

Perdona a tu iglesia cuando, en vez de ser espacio de seguridad para los más pequeños, se ha convertido en espacio de angustia y dolor. Nuestro camino más seguro es pedirte perdón y postrarnos ante tu misericordia. Perdona a tu iglesia, Señor, cuando no sabe lo que hace.

El clamor de Jesús invita a unirse en oración intercesora para pedir por los que ignoran la verdad del Evangelio. Y fruto de eso se refugian en la clandestinidad del pecado no entendido ni reconocido. 

¿Cuántos jóvenes hoy son arrastrados por la mentira de las redes sociales, plataformas digitales e influencers que se convierten en falsos profetas que con sus palabras y actitudes dan signos del vacío que llevan en el corazón?

Así edifican tanto para ellos como para sus seguidores, una falsa idea de la felicidad, un relativismo de la verdad, una concepción errónea de la libertad y un culto al cuerpo que mata en su totalidad el ser interior que llevan dentro. Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.

De igual manera, ocupa la atención, el cuidado de los niños frente a las nuevas tecnologías. La inocencia que se pone en riesgo a cada segundo en las pantallas que sustituyen la atención de padres y madres distraídos en sus intereses particulares.

Así el agente de formación de referencia del niño y la niña en etapa de aprendizaje está detrás de la pantalla y no en el seno de una familia que vela día a día por la vida integral de las personas.

Desde esa mirada terminan siendo víctimas visibles y consumidores de podredumbres que se vuelven contenido y contenido que se vuelven moneda, pero que no aportan nada a la edificación del hombre que asume los retos y desafíos de la sociedad de hoy en el país que queremos y la iglesia que necesitamos, sino que llena las cuentas y el egocentrismo del sutil malvado que no le importa dañar para lograr sus objetivos. Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.

El valor trascendental e insustituible de la vida humana sigue siendo ignorado por muchos en la sociedad. Es el pecado que acompaña al hombre en el transcurrir de la historia: olvidar quién nos ha creado y para qué nos ha creado, para la comunión con él y el amor al prójimo.

La violencia en todas sus dimensiones es la amenaza más despiadada contra la vida humana. Como consecuencia de eso duele reconocer que el hombre como ser masculino no termina de entender que no es dueño de la vida y la libertad de las mujeres.

Penosamente sigue manchando sus manos con sangre y dejando dolor histórico en niños con una orfandad impuesta hogares destruidos y familias marcadas por el odio y el deseo de venganza.

Acompaña a esta realidad el acceso a las armas, las drogas y el alcohol que sigue siendo un proceso fácil y lucrativo gracias a la incapacidad y complicidad de quienes conforman los organismos de control que penosamente resulta difícil desligarlos de la responsabilidad.

Ya no hay distancia ni campo lejano donde nos libremos de encontrar hombres y mujeres sumergidos en estos vicios, ni edad alguna, ni capacidad económica para encontrarnos con jóvenes en edad escolar armados.

Armas que se mueven de mano en mano, de arriba hacia abajo, desde el que tiene la responsabilidad de controlarla, hasta el que no tiene capacidad mental para usarla; amenazando y arrancándoles la vida a cualquier ciudadano inocente. Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.

Pero mira, Señor, los que más sufren y son sometidos por encima de su voluntad al dolor desesperante que se les hereda como consecuencia de la violencia. Si algo nos consuela es que el perdón de Jesús está por encima de cualquier juicio humano. 

La misericordia de Dios no está prisionera en los ritos y muros de los templos. Alcanza al que está lejos y al cercano. El perdón de Dios no se limita a fronteras territoriales o existenciales. Su amor se pone por encima del pensamiento del malvado, porque su reino no es de este mundo.

Ayuda, Señor, a que se ponga la mirada en tu reino para entender que las líneas fronterizas no se marcan en los corazones, que la cultura y la historia nos puede hacer diferentes, pero no mejores o superiores; que la ley nunca puede estar por encima de la dignidad humana. Donde se ignora esa verdad, hay que decir: "Padre, perdónalos porque no saben lo que hace."

Porque no saben que tú habitas en el inmigrante hambriento, inseguro y rechazado. Porque no saben que en el enfermo repudiado en los centros de salud por falta de seguridad social, tú sigues esperando amor. En el moribundo que por falta de salud mental es tirado a las calles, tú caminas y aguardas la atención de aquellos que salvan más su publicidad gubernamental que asumir la causa de los más necesitados de manera real. 

Aguardas por aquellos que se reparten el botín entre colegas en las sombras de los acuerdos extraoficiales. Los que salvan el puesto, pero no el servicio. Los que salvan el partido, pero no la patria. Los que salvan la institución, pero no al hombre herido en su dignidad. Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen. Pero hazle justicia al pobre, al enfermo, al inmigrante que el malvado no es capaz de mirar.

El perdón que Jesús solicita al padre salta de la individualidad a lo comunitario. La salvación se otorga en la comunidad. El hombre no se salva solo. Se salva con los hermanos. Por eso, el que oprime, el que peca, el que aplasta, es también invitado a la misericordia y el amor de Dios. Es llamado a la conversión.

Perdona a cada hermano que busca salvarse solo, desentendiéndose de los demás, convirtiendo la fe en un sentimiento personal que alivia la conciencia pecaminosa, pero que no les abre a la vida de la comunidad.

Perdona, Señor, a los que promueven una fe solitaria a su estilo, a su ritmo, a su medida sin asumir compromisos con la expansión del reino de Dios. Los que se recrean en la narrativa de lo que debe ser la iglesia, pero ellos se quedan sentados en las periferias del crítico que confunde la fe con la moral y la ética de vivir en paz.

Los que se conforman con una fe estéril que no se apropia del evangelio para denunciar lo que está mal y comprometer la tranquilidad. Prefieren una fe sin cruz, una fe sin comunidad, una fe sin compromiso social. Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.

No permitas, Señor, que la ignorancia cierta y la maldad planificada sigan alejando a los hombres de la salvación que tú has querido otorgarnos en la cruz. Que el Padre Dios acoja la plegaria que elevas por esta humanidad, que sangra por las guerras y se distancia de la paz. Por un medioambiente que exige respeto y cuidado. Por un país que ha promovido indirectamente y directamente la corrupción en su historia, partido tras partido, gobierno tras gobierno, sostenido en una democracia quebrada en su esencia. 

Que tus súplicas, Señor, alcancen también a la Iglesia, que lucha por la unidad y la santidad en medio del mundo y que no debe dejar de pedir perdón por sus fragilidades. Padre, perdónala, porque no sabe lo que hace".

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