Minimizadas, reducidas, tergiversadas... así se sigue manifestando el sexismo contra las mujeres en América Latina, como escribe la escritora colombiana Carolina Sanín para BBC Mundo:
1. La minimización
A
la mujer adulta se la suele llamar "niña". Cuando no se habla de "una
niña", se habla de "una vieja". Con estos apelativos se desconoce la
autonomía de la mujer, por una parte, y, por otra, se la desexualiza,
para que el hombre pueda protegerse del amenazante deseo de ella y de la
amenaza de frustración que entraña su propio deseo. Algo similar ocurre
cuando, para supuestamente destacar el valor de las mujeres, los
hombres se limitan a mencionarlas en relación con ellos ("nuestras
madres y nuestras hijas"), caso frecuente entre los políticos. Al
destinar el diminutivo "señorita" para la soltera también se desconoce
la independencia de la mujer.
2. La reducción
En
los medios de comunicación y en la vida privada, cuando se habla de una
mujer se suele dar prioridad al comentario o al juicio sobre su
atractivo físico. Con ello se insinúa que la mujer existe en primer
término para complacer el deseo del otro. La relación entre esta
costumbre y la impunidad de la violación es obvia. La idea de que la
mujer es sobre todo un cuerpo deseable es el antecedente de la idea de
que la mujer es un objeto para la posesión. Este punto parecería ser
contradictorio con el anterior, pero son concurrentes.
3. La aprobación
La
mayoría de las actividades humanas se entienden como naturales al
hombre antes que a la mujer. El masculino es el género por defecto, y el
femenino, el género defectuoso. El producto del trabajo o el contenido
del saber de una mujer, sin importar su calidad, es automáticamente
considerado como menor que el de los hombres; es una especie de "intento
loable con resultado incompleto". Según la percepción común, el hombre
hace cosas, mientras que la mujer pretende hacerlas. Se espera, además,
que los hombres den o nieguen su aprobación a los logros de las mujeres,
y se cree que los hombres siempre tienen algo que enseñarles a las
mujeres (salvo quizás en lo que respecta a la maternidad, la servidumbre
doméstica y la prostitución).
4. La tergiversación
A
la mujer se le impone un modo y un tono, lo cual hace que sea fácil
descalificarla cuando sobrepasa el tono prescrito o modifica el modo que
se le permite. Cuando la acción de una mujer se sale del espectro de
gestos e intensidades que se esperan de ella, advienen la ridiculización
y la hipérbole: es una "fiera", una "furia", una "histérica". Cuanto
ella más seriamente se manifiesta, menos se le toma en serio; ella solo
quiere llamar la atención, provocar.
5. La autocomplacencia
La
sociedad se solidariza fácilmente con las mujeres cuando estas ocupan
el lugar de víctimas (asesinadas, violadas o golpeadas). Más difícil le
es mirar, considerar o admirar a la mujer en situación de poder o de
superioridad. Las movilizaciones de rechazo al maltrato físico de las
mujeres son útiles y necesarias, pero a veces contribuyen a que la
sociedad se felicite precipitadamente por un falso igualitarismo.
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Este artículo es parte de la versión digital del Hay Festival Querétaro, un encuentro de escritores y pensadores que se realiza en esa ciudad mexicana entre el 1 y 4 de septiembre de 2016.
FUENTE:BBCMUNDO.COM