Este avión de bombardeo en picado y ataque a tierra fue la imagen de la Blitzkrieg
Parecido terror psicológico al de la inolvidable «El diablo sobre ruedas», de Steven Spielberg,
debían de sentir las víctimas de nuestro protagonista. Imagínenlas
puestas a cubierto de un Stuka, mientras les destrozan los nervios el
bramido de su sirena ensordecedora («la trompeta de Jericó»), presagio del inminente picado a más de 500 km/h, que dejará caer una bomba de 250 kg sobre sus cabezas.
El Sturzkampfflugzeug, o Stuka, fue sin duda alguna el avión alemán más famoso de la Segunda Guerra Mundial. Este bombardero en picado biplaza fue construido por la Junkers Flugzeug und Motorenwerke
y designado como Ju 87. Sus alas de gaviota invertidas y su masivo y
carenado tren de aterrizaje fijo lo convirtieron en un icono de la
propaganda nazi y en el símbolo de la supremacía de la Luftwaffe en los
cielos europeos de inicios de la guerra. Su bautismo de fuego, como
muchas de las armas alemanas, tuvo lugar como integrante de la Legión
Cóndor, en el particular «polígono de tiro» que para los germanos significó nuestra Guerra Civil.
El Stuka introdujo numerosas
innovaciones, como el izado automático, que aseguraba la recuperación de
la aeronave tras un ataque en picado, incluso si el piloto se desmayaba
debido a la brutal aceleración. Resistente y muy efectivo en sus
ataques, con una precisión de +/- 5 m de su objetivo,
el Ju 87 era, sin embargo, muy vulnerable a los cazas contemporáneos.
Sus defectos se hicieron evidentes durante la Batalla de Inglaterra,
pues su escasa maniobrabilidad, baja velocidad y débil armamento
defensivo, exigía una fuerte escolta de cazas para operar con seguridad.
Los teatros de operaciones con más éxito fueron la Campaña de los Balcanes, el Norte de África y el Mediterráneo, y las primeras etapas del Frente Oriental,
campañas donde la presencia de cazas enemigos era escasa. A medida que
la guerra avanzaba, y una vez perdida por la Luftwaffe la superioridad
aérea en todos los frentes, el Ju 87 pasó a ser «un pato cojo» para los
cazas enemigos, y sus pérdidas muy numerosas.
Hans-Ulrich Rudel
Abstemio radical, y no fumador,
el historial de servicios de este «as» de la aviación alemana va
inseparablemente unido al del Stuka. Rudel es uno de los cuatro
poseedores de la más alta condecoración alemana hasta nuestros días: la
Cruz de Hierro con Hojas de Roble en Oro, Espadas y Diamantes. Con 2.530
misiones de combate con la versión Ju 87 G-1 armada con cañones de 37
mm, destruyó 519 carros en el frente ruso, pero además, el acorazado
soviético Marat, dos cruceros, nueve aviones, 150 baterías antiaéreas y
70 lanchas de desembarco.
Derribado al menos 30 veces por
la artillería antiaérea, Rudel nunca fue abatido por un caza. Tras
habérsele amputado una pierna, destrozada por fuego antiaéreo, se las
arregló para seguir pilotando hasta el final de la guerra. Su motto era:
"Solamente está perdido el que se da por vencido".
Producción: 1936 a 1944 (más de 5.700 unidades / Longitud: 11,1 m / Envergadura: 13,8 m / Altura: 3,9 m / Propulsión: Motor Junkers Jumo 211J (Dora) / Velocidad punta: 354 km/h En picado: 600 km/h (Dora) / Armamento principal:
2 x MG 17 de 7,92 mm (delanteras), 1 x MG81Z de 7,92 mm (trasera) y
hasta 1.800 kg de bombas (Dora, en misiones de corto alcance).
FUENTE:ABC.ES